Krampusnacht. Una noche en la que un antiguo miedo europeo cobra vida de nuevo. Mucho antes de que la Navidad se convirtiera en luces suaves y villancicos tiernos, los padres advertían a sus hijos que el invierno no solo traía regalos. Traía juicio. Traía una criatura con cuernos, cadenas y un saco para aquellos que se habían desviado demasiado del camino. Krampus no estaba destinado a entretener. Era la sombra que recordaba a los pueblos cuán delgada era la línea entre el calor y el frío que mata. Encarnaba el miedo de que las malas decisiones tienen consecuencias, y que no todos los monstruos viven en la oscuridad. Algunos caminan junto a los santos, esperando a los débiles. Siglos después, actuamos como si hubiéramos superado esto. Como si hubiéramos reemplazado las consecuencias con comodidad. Pero cada 5 de diciembre, Europa todavía deja salir a Krampus a las calles. Máscaras de madera desgastada. Cencerros retumbando. Chispas volando de los interruptores arrastrados por la piedra. Un recordatorio de que cada cultura alguna vez creyó lo mismo: Si ignoras tu naturaleza más oscura el tiempo suficiente, ella vendrá a buscarte. Así que la pregunta no es si Krampus es real. La pregunta es por qué la historia todavía se siente verdadera.